Cecilia Jamasmie llegó hace tres años a Canadá con
la idea de hacer un master en Periodismo. Para su tesis comparó los
sitios web de noticias, tanto chilenas como canadienses, que tenían
mayor cantidad de visitas y analizó cuáles eran las
características que definían el éxito.
Su profesora guía quedó tan impresionada con los
resultados que le pidió permiso para exponerlos en un congreso
mundial. Fue en ese momento cuando se definió su destino,
pues en aquél seminario estaba presente un inversionista
que apostaba por crear un nuevo medio digital que funcionara con
periodismo ciudadano: Orato.
“El tipo no podía creer que una chilena 20 años
más
joven que él y con inglés como segunda lengua hubiese
llegado tan lejos y me ofreció el cargo de editora general
de Orato que acepté encantada, aunque llena de miedo”,
cuenta.
Esta periodista explica que la principal diferencia entre Orato
y OhMyNews es que en el periódico canadiense sólo
se publican notas en primera persona. En efecto, “Orato” en
latín significa “Yo hablo”: “Es la historia
contada por el protagonista o el testigo de los hechos: el sujeto
que se encontraba en el metro londinense cuando ocurrieron los
atentados, o el sobreviviente del huracán Katrina. Por eso,
más que competir con los medios tradicionales, Orato los
complementa”, explica.
Otra diferencia importante es que en el periódico canadiense
escriben periodistas junto con los corresponsales ciudadanos y
se hace una distinción, aunque sutil, entre ellos: las historias
de los profesionales son publicadas en la sección principal.
En Orato sólo se les paga a las personas a quienes los editores
han contactado para que escriban una nota o si lo que han escrito
es tan bueno que deciden publicarlo como reportaje (en la sección
principal). Pero los lectores también pueden votar por cada
una de las historias y, semanalmente, el artículo que recibe
más estrellas –de cero a cinco- pasa a la sección
de periodistas profesionales. De ese modo el autor, que es un periodista
ciudadano, obtiene un mínimo de US $300: “Ésa
es nuestra manera de incentivar calidad”, cuenta Cecilia. Hasta el momento hay sólo ocho chilenos inscritos en Orato,
pero ninguno de ellos ha enviado un artículo que sobreviva
a la primera selección. La editora chilena cree que esto
se debe a que las historias deben estar escritas en inglés
o porque quizá aún no han comprendido el concepto
de primera persona. Confiesa que le cuesta ser dura y comunicarle
a los corresponsales que la nota que han escrito no será publicada: “Sobre
todo no quiero herirlos y que, por mi culpa, nunca propongan otro
tema”.
Al parecer, es el concepto de noticia lo que las personas aún
no comprenden cabalmente. Cecilia explica que uno de sus más
grandes desafíos ha sido hacerles entender a los corresponsales
ciudadanos que no todo lo que les sucede es noticioso: “Puede
que sea muy importante para ellos el haber viajado a Zimbabwe,
por ejemplo, pero si no hay nada extraordinario en esa experiencia,
no sobrevivieron a una catástrofe o no fueron encarcelados
en forma errónea, entonces no es una noticia”.
La tarea más compleja a cargo de esta chilena
es velar por la calidad y la veracidad del sitio. Para eso debe
comprobar cada
cosa que aparece en el periódico: “No puedo darme
el lujo de publicar nada que no sea 100% real, comprobable e interesante.
De lo contrario, este sitio morirá antes de haber nacido.
Y créeme que no es nada fácil verificar datos cuando
la historia viene de lugares remotos o afectados por una tragedia”. |